saltar al contenido

Habitualmente soy fiel a mantener costumbres, y una de ellas es que, desde hace mucho tiempo siempre que puedo, voy a tomar café al mismo sitio, una cafetería cálida, con decoración australiana, que lleva abierta más de siete años y con un trato bastante familiar.

Desde que voy, he podido ver cómo la crisis ha ido afectando a la moral del propietario, y al propio local en sí, la clientela ha ido bajado progresivamente, al mismo ritmo que los demás locales del municipio, por lo que no es problema del local, sino de los locales.

Hace unos meses, el propietario me comentaba lo duro que empezaba a ser el camino que estaban haciendo por un desierto que, lejos de acabarse, aún crecía más, y no se equivocaba, así ha sido.

Ese desierto ha ido creciendo, de una forma general, los clientes han comenzado a abandonar la noche del municipio y han decidido pasar de la ruta de los “pubs”, a la de discoteca, y todo, por la sencilla razón del pesimismo, ese pesimismo que se basa en “No salgo por aquí, porque siempre tenemos lo mismo, y cada vez menos gente”, “hoy no salgo porque no sale nadie”. Y así, se comprueba como la noche del municipio empieza a caer exponencialmente, sin tocar fondo.

Después de tantos meses con el café de las tardes, lo último que piensas es en terminar de hundir al propietario, que al final acaba siendo un amigo. Empiezas escuchándolo, y ves como  el optimismo que siempre tenía se va desvaneciendo, y todo porque no hay forma de levantar la cabeza.

Hace unos meses, mientras tomábamos una cerveza en el mismo local, empezó a sacar una serie de tapas para acompañarla, la semana siguiente igual, y así hasta hace poco más de un mes.

Después de muchos días de conversaciones continuas sobre qué se podía hacer, y cómo se podía volver al antiguo camino de la bonanza del local, me dijo que había pensado cambiar totalmente el concepto del local, pasar de la noche a un sistema de cenas a base de tapas, en un pub, con música de fondo y con la posibilidad de pasar allí la misma noche, en un ambiente relajado y que permitiera combinar el salir con los amigos con una buena cena,  y económica, un sistema que ya había comprobado que funcionaba en varios locales de la comunidad, pero que en nuestra localidad aún no se había experimentado.

Lo animé a ello, muchos días de ánimos y de ver cómo se podría orientar el nuevo concepto del local, y hace dos semanas me encargó hacer la campaña publicitaria para el “nuevo” local. He tenido siempre claro que las campañas publicitarias están hechas para innovar y para destacar un concepto, siempre distintas, nunca iguales, y que llamen mucho la atención. En estos momentos, la máxima llamada de atención es un mensaje optimista.

Me puse con la campaña el mismo día en el que me leí por enésima vez uno de los mejores discursos (y más optimistas) que he escuchado nunca, el de Steve Jobs ante la Universidad de Stanford. [Si no lo has leído, tienes que leerlo]

Así, con el optimismo de crear una campaña buena y llamativa, con el optimismo de que el nuevo sistema en el que había pensado mi amigo, y por el que tanto le había animado durante tantos días, era la mejor forma de pasar del desierto a un bosque, me puse manos a la obra.

La campaña es un canto vivo al optimismo, el principal reclamo y mensaje es un gran “¡Viva la vida!”, la vida con los amigos, con las tapas, con la música… con el optimismo y la alegría ante estos duros momentos para todos.

Ante todo, lo principal ha sido convencer al propietario del local de que no es algo “normal”, tiene que ser lo “mejor”, el mejor local con el mejor sistema,  y eso es lo que también transmite la campaña. Tiene que ser el sistema que, desde lo económico hasta lo gastronómico, ponga la sonrisa a los clientes y devuelva la clientela a un local que tuvo un éxito que la crisis estaba empezando a arrebatarle.

Para todo ello, simplemente, se necesita ser optimista, echar todas las cartas en la mesa, pensar, y sobre todo, contar con alguien que te anime, nada de “que mal está la cosa” o “de esta no salimos”, necesitamos “Esto es lo mejor”, con “esto te superas una vez más” y un “¡inténtalo!” que suene creíble y optimista.

Este es el ejemplo real que más puedo destacar de mi 2012, hablo de un local de noche, de fiesta, pero el fondo de este artículo está en que, cambiando de un sistema que es evidente que no funciona (por los motivos que sean) a una nueva orientación del negocio que, aunque ya esté inventada, veas con posibilidades de éxito en tu círculo de movimiento, cualquier negocio, cualquier sector, puede resurgir.

Para ello, y de cara a 2013, optimismo, optimismo y OPTIMISMO. (Y un gran discurso como el de Steve Jobs, que te de los ánimos que necesitas).

Deja tu comentario

Un comentario

  1. Gabriela — 27 diciembre, 2012

    Muy bien, estoy comenzando a leer este blog y considero que es de gran ayuda para mi formación como estudiante, decidí empezar una licenciatura online en la UTEL.

Escribe un comentario

Sólo publicaremos comentarios adecuados, todos los que se salgan de esta temática serán descartados, así como los promocionales, susceptibles de afectar a derechos de terceros o de vulnerar las leyes.

Puedes usar algo de HTML:<a href>, <strong>, <blockquote>, <br/>, <p>, <em>, <ul>, <li>.
Los párrafos y los retornos de línea también se incluyen automáticamente.

  1. (requerido)
  2. (requerido y no publicado)
  3.