Lo reconozco. Soy adicto a TED. Desde que lo descubrí hace poco más de un año, no pasa una semana sin que me “enchufe en vena” un nuevo video de algunos de los profesionales más brillantes de áreas como la tecnología, la educación, el diseño, la ciencia o los negocios. Aquellos que aún no conozcáis TED, de verdad, pasaros por la web y disfrutad.
Sin embargo, este post no está dedicado a TED, aunque aquello esté repleto de “optimistas digitales”. Pero viene al caso porque hace un par de meses vi una charla de Sir Ken Robinson con la que me sentí muy identificado: “Schools kill creativity“.
En su exposición de 19 minutos, Sir Ken Robinson se preguntaba por qué seguimos educando y preparando a nuestros jóvenes para un mundo y un modelo productivo basado en la revolución industrial y en el que la creatividad había sido permanentemente ignorada, penalizada y relegada al olvido.
No hace falta ser un gurú de nada para darse cuenta de que el modelo industrial sobre el que las empresas han estado haciendo negocios durante casi 150 años agoniza, y que la sociedad que tenemos hoy en día no se parece a la que vivió el mayor conjunto de transformaciones socioeconómicas, tecnológicas y culturales de la Historia de la humanidad, desde el Neolítico.
Entonces ¿Por qué seguimos formando a los que serán los futuros líderes en base a una industria ya caduca?
Esta es la pregunta que muchos de nosotros nos hacemos y que también se la han hecho en LeaderLab, una red de profesionales daneses expertos en lo que ellos llaman Open Leadership y Social Business Innovation y cuyas teorías se plasman en el libro de Umair Haque (Director de Havas Media Lab) titulado The Capitalist Manifesto – an inspiring, thought and provoking book.
Video: Social Business Innovation
Aún no he tenido la oportunidad de leer el libro de Haque pero me basta el planteamiento que hace LeaderLab en el video que pongo arriba para saber que, desde mi punto de vista, tanto unos como otros dan en el clavo.
Vivimos en un mundo más abierto, transparente y competitivo en el que debemos replantearnos la forma de trabajar, hacer negocios y liderar organizaciones y personas.
Innovación, creatividad y colaboración, deberían ser tres valores sobre los que empezar a educar ya a los más pequeños, aunque tal vez deberíamos empezar por los mayores, aquellos que hoy toman las grandes decisiones.
Pero lo que para mí es más relevante es el concepto de capital social, una forma de entender la empresa en la que empleados y clientes tienen mucho más que aportar, como fuente de información e inspiración, y en la que deberían ser protagonistas del futuro de la propia empresa.
Más allá de los conocimientos que se le presuponen a un programador, un diseñador web, un comercial o un director de marketing, debemos explotar la creatividad y la capacidad de innovar que todos tenemos, y que se pierden irremediablemente por una errónea (creo yo) interpretación del rol que cada uno debemos jugar en la compañía.
Las empresas que hoy en día marcan la diferencia, las más disruptivas ya no son las que tienen mayor eficiencia de la cadena de montaje, son aquellas que han sabido aprovechar su capital social y se han puesto a la cabeza de la innovación.

