Cada vez es más frecuente el uso de los términos “Internet” y “digital” como si fueran sinónimos, lo que desvela a quienes ven lo mismo en ambos conceptos. En realidad, hay diferencia. Internet es una red de cosas conectadas, todas las cuales tienen en común su ser digital. Pero no todo lo digital está conectado a la red, aunque por su naturaleza podría estarlo.
En eso consiste la grandeza de lo digital, en su poder para comunicar dispositivos distintos gracias a su capacidad de compartir información comprensible a cada uno de ellos, sea cual sea la funcionalidad a la que estén dedicados. Cámaras fotográficas, hornos de micro-ondas, radares, satélites, gps, armamento moderno, automóviles, climatizadores, sistemas de prospección, medición geo-espacial o estelar, y así en un etcétera interminable, todo lo que se construye en el mundo actual y que se alimenta con electricidad para su funcionamiento, es susceptible de manejar información digitalizada que, por ende, se puede compartir en un foro mundial al que hasta ahora sólo se han conectado ordenadores, pero que pronto incluirá también otro tipo de máquinas.
Por su parte, la grandeza de Internet está en ser la red constituida por todo cuanto, por ser digital, se ha conectado a al conjunto. De ahí la consideración de ecosistema atribuible a esta nueva realidad cuyo impacto es mundial e irreversible, alcanzando hasta las parcelas más básicas de la vida cotidiana.
Una máquina expendedora de bebidas en un lugar público, se convierte en digital cuando sus mecanismos internos incluyen procesadores que registran y comunican información sobre las ventas. Como consecuencia, la máquina puede conectarse a Internet y con ello cambia la manera de gestionarla: ya no tiene que visitarla un reponedor para comprobar cuánto se ha vendido y rellenarla con nuevos suministros; en su lugar, una central de gestión consulta –a través de Internet- las unidades vendidas, la recaudación, el funcionamiento general de la máquina, etc. e identifica si necesita o no la visita del reponedor.
En resumen, el Internet de las personas con ordenador ha abierto sus puertas a las máquinas independizadas. La bienvenida solo exige una condición: que en sus venas corra sangre binaria. Todo lo conectado a Internet es digital, pero no todo lo digital está conectado a Internet, aunque podría hacerlo y, de hecho, muy pronto sucederá.
Víctor Molero


