Internet mola. Nos tiene a todos conectados, y nos da oportunidades que antes no teníamos. Oportunidades de todo tipo, relacionadas con la comunicación.
- ¿Cuándo hubiéramos podido enviar nuestro Currículum a cientos de empresas en media hora? Si, no es personal, pero las empresas no los han tratado nunca de forma personal, yo recuerdo cientos de cartas a mano con el CV impreso adjunto puestas en el correo al terminar la carrera.
- ¿Cuándo hubiéramos podido hacer la compra tirados en el sofá? Si, no tocas la fruta a ver cómo está, pero si no está en buen estado se la llevan de vuelta, yo lo he hecho alguna vez.
- ¿Cuándo hubiéramos podido comunicarnos de tú a tú con el presidente de una gran compañía, al que admiramos? ¿Con un futbolista al que tenemos manía? ¿Con una actriz que nos encanta? Puede que haya respondido a nuestro tweet, pero lo ha leído. Y muchas veces si que ha respondido. Si, hay muchos cuya cuenta de twitter no manejan ellos mismos, pero hay muchos que si lo hacen, y además solemos saber quiénes.
Pero Internet tiene memoria. Como las personas, pero más exacta. Y estas últimas semanas he visto algo, que aunque había visto otras veces, ha sido tan en masa que ha puesto más en evidencia la memoria de Internet.
Dicen que la política es muy puñetera, y depende en una medida enorme de la comunicación. Y muchos políticos han visto en los blogs y en redes sociales una forma estupenda de acercarse a la gente, más que nada a su gente. Y lo es, para lo bueno y para lo malo. Y estas dos últimas semanas, un partido político que está tomando medidas que a muchas personas no les han gustado, ha visto sus tweets antiguos retuiteados hasta el punto que mi Timeline en un momento dado estaba invadido por sus caras, y no sigo absolutamente a ningún político de ningún color.
¿Qué decían sus tuits? Decían lo contrario de lo que estaba pasando. Al hacer click en ellos se veía que era tweets antiguos. De hace un año, de hace meses. Tweets en los que se manifestaban en contra medidas que ahora estaban aplicando, por ejemplo. Los usuarios descontentos no necesitaban quejarse, hacían algo mucho más efectivo, mucho más rápido, mucho más directo: RT. Un botón. Y con eso se veía la contradicción. Y eran sus twitters oficiales, los de todos ellos, no eran parodias.
Probablemente todo tiene explicación y podrían justificarlo en una charla larga, pero el microblogging es así. Si emites una sentencia de 140 caracteres, en un año esa sentencia puede volverse contra tí en términos absolutos, porque no puedes matizarla. La gente lee un tweet en pocos segundos y el RT lleva menos aún. Y no se van a parar en explicaciones, es el pro y el contra de la inmediatez. Es como a aquellas historias de chicos que se quedan sin ligue porque su nuevo ligue ha encontrado cosas que no les han gustado en su blog, o sin oportunidad tras la entrevista de trabajo por sus fotos de Facebook, o las metidas de pata y faltas de ortografía de actores y cantantes en twitter…pero en versión mucho más masiva, que me ha impresionado más. Que no se si tendrá consecuencias en este caso, pero en otros podría tenerlas. Ya no son los periodistas, ya no hay que tirar de hemeroteca, era gente normal leyendo el histórico de otro usuario.
Es una de las cosas con las que hay que tener cuidado. Los políticos y cualquiera de nosotros. Pero no es un peligro de Internet, sino de la vida misma. Gran parte de tu vida en Internet es lo que tú hagas y digas en ella, la gente se acuerda y puede contarlo. “No escupas p’arriba”, dice siempre mi prima. En este caso es simplemente, más fácil y rápido, para bien o para mal.
Para las cosas buenas también tiene memoria. Hay muchas cosas estupendas de las que hace tiempo solamente te habrías acordado y que ahora puedes casi recrear, compartir y ver cómo las vivieron los que las vivieron contigo, poniendo tres palabras en un buscador o peinando un Timeline. Internet mola.
Imagen, galería de r2hox

